La señora que pide “un poquito” y se lleva media compra hecha
En carnicería, “un poquito” es una medida emocional, no matemática.
Hay una frase clásica en el mostrador: “ponme un poquito”.
El carnicero ya sabe que esa frase no significa nada exacto. Puede ser cien gramos, medio kilo o una compra completa disfrazada de moderación.
Empieza con “un poquito de filete”. Luego añade “un poquito de pollo”. Después recuerda “un poquito de carne picada”. Y cuando parece que acaba, mira la vitrina y dice: “ay, ponme también un poquito de eso que tiene buena pinta”.
Al final, el “poquito” llena una bolsa respetable.
Y ahí está la magia del mostrador: muchas compras no se planean, se despiertan mirando producto bien presentado.
El cliente no siempre sabe lo que quiere al entrar. A veces lo descubre delante de la vitrina.
Por eso un buen mostrador no solo enseña carne. Provoca apetito, recuerdos y ganas de cocinar.
Añadir comentario
Comentarios