El producto que más vendes puede no ser el que más dinero deja
En carnicería, vender mucho un producto no significa que sea el más rentable. El volumen puede esconder márgenes bajos.
En muchas carnicerías hay productos que vuelan.
Se venden todos los días. El cliente los pide sin pensarlo. Tienen salida, rotación y movimiento. Y por eso muchas veces el carnicero los considera productos estrella.
Pero aquí viene la pregunta incómoda:
¿Ese producto que más vendes es también el que más dinero deja?
No siempre.
En carnicería, volumen no significa rentabilidad. Un producto puede venderse muchísimo y dejar poco margen. Incluso puede ocupar mucho trabajo, mucho espacio y mucha compra para terminar aportando menos beneficio que otro producto con menos venta pero mejor margen.
Pasa con productos gancho, con cortes populares, con pollo, con picada, con hamburguesas, con preparados mal calculados o con piezas que se venden por costumbre a precios antiguos.
El problema aparece cuando el negocio se emociona con la cantidad vendida, pero no mide el beneficio real.
Vender 100 kilos de un producto con poco margen puede parecer un éxito. Pero si ese producto exige mucho trabajo, mucha merma, mucha manipulación y deja poco beneficio, quizá no es tan buen negocio como parece.
En cambio, un producto que se vende menos, pero está bien valorado, bien explicado y bien calculado, puede aportar más rentabilidad real.
Por eso no hay que mirar solo lo que más sale. Hay que mirar lo que más deja.
Una carnicería profesional debería saber qué productos son de rotación, qué productos son de margen, qué productos son de imagen y qué productos son estratégicos.
No todos cumplen la misma función.
Algunos atraen clientes. Otros suben ticket. Otros diferencian el mostrador. Otros sostienen el beneficio. El problema es cuando se mezclan todos sin control y se piensa que vender mucho ya es ganar bien.
La rentabilidad está en conocer el papel de cada producto.
El producto que más vendes debe estar vigilado con lupa: coste real, precio actualizado, merma, tiempo de preparación y margen final.
Porque cuando un producto de mucha venta está mal calculado, el error no pasa una vez.
Se repite todos los días.
Y eso puede costar mucho dinero.
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